La Residencia de Tiempo Libre, antigua Ciudad Sindical de Vacaciones, situada a 8 kilómetros del casco urbano de Marbella, es una urbanización que fue inaugurada en 1962 para satisfacer las vacaciones de trabajadores de todo el país. Concebida como un conjunto autosuficiente, equipado con todas las necesidades de cualquier pueblo mantenía el gusto por el entorno y el paisaje y se adaptaba a las necesidades de habitación sin sacrificar un diseño atrevido para aquellos años.
La ciudad jardín se compone de varias zonas que incluyen zona residencial, deportiva, servicios y parques. Era el primer intento importante de urbanización suburbana programada en la Costa del Sol. Su traza en planta manifiesta funcionalidad por la distribución en manzanas, por la facilidad de acceso a las viviendas en automóvil y por los jardines que circundan a las viviendas, elementos poco usuales en el urbanismo tradicional español.

A pesar de su desarrollo horizontal y de construirse en los lejanos años 60, se retranqueó en la zona costera y dejó libre buena parte del cordón dunar que hoy disfrutamos y que ninguna otra urbanización construida posteriormente en nuestras costas ha respetado.
La arquitectura tanto de las viviendas como de los edificios de servicios conseguía equilibrar la tradición con la modernidad. Al aspecto rústico de las viviendas se une una traza moderna en la construcción modular, en la oblicuidad de sus líneas y en la cubierta a una sola agua.
La original iglesia nos da la clave de su espíritu innovador. La impresionante espiral de su campanario, la irregularidad de su planta, la singularidad de su cubierta nos acerca a la capilla de Ronchamp de Le Corbusier pero también supone una adaptación original al clima de la zona y a los nuevos tiempos de ocio y consumo; frente al cerramiento de Ronchamp la iglesia de Manuel Aymerich Amadiós y Ángel Cadarso del Pueyo se abre al exterior; frente al carácter horizontal de la obra de Le Corbusier la iglesia de la ciudad sindical adquiere un ritmo vertiginoso de ascensión hacia el cielo, formas calificadas por Juan Antonio Ramírez como «surreoide curviquebrado».

La obra es considerada como un emblema de la arquitectura del turismo, por la época en que se realizó – eran los años de salida de la autarquía – y porque era un primer intento preconcebido de hacer arquitectura para un tipo de turismo organizado. Su carácter audaz marcaba el inicio de una nueva etapa.
De hecho en el año 2006 mediante Resolución de 19 de septiembre, la Dirección General de Bienes Culturales, resolvió inscribir el conjunto, con carácter genérico colectivo, en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como referente del Movimiento Moderno de la provincia de Málaga.
Su valor patrimonial también ha sido reconocido al ser incluido en el Plan Nacional de Conservación del patrimonio cultural del siglo XX por el DOCOMOMO Ibérico que tuvo su aval por el Ministerio de Cultura en el inventario de los 256 edificios españoles de la Arquitectura del Siglo XX (1925-1965).
Una joya patrimonial que incomprensiblemente se ve amenazada tras la firma de un convenio de “colaboración” entre la Consejera de la Consejería de Economía y Hacienda y Fondos Europeos, Carolina España y María Ángeles Muñoz en representación del Ayuntamiento de Marbella.
En el convenio se pretende un cambio de calificación urbanística a hotelero y un incremento de edificabilidad a 30.000 m2, sobre la superficie construida actual que es de 23.935 m2algo que es imposible de ejecutar sin afectar al bien protegido.
Esta declaración de intenciones administrativas, plasmada mediante un convenio, implica un grave riesgo para la integridad no solo arquitectónica sino también paisajística. El complejo podría ser desfigurado o incluso desaparecer ya que desconocemos en que se han basado para aumentar la edificabilidad en 30.000 m2 si aún no existe proyecto.
Los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz tal como establece el artículo 6 de su Ley se sirve del Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz “como instrumento para la salvaguarda de los bienes en él inscritos, la consulta y divulgación de los mismos”, por lo que es incomprensible que se pretenda desde la administración encargada de su custodia y protección la mercantilización y posible destrucción de una parte tan significativa de nuestra historia.
Fdo. Francisco Javier Moreno
Historiador del Arte